Eduardo Piñate “Cuando la revolución se ve amenazada se vuelve indestructible”

Diario 4F – Venezuela, 05 al 12 de abril de 2019 año 4 Nº 202

Geraldina Colotti

Es un dirigente que no se escatima, Eduardo Piñate. Fuerte y tranquilo, se siente cómodo tanto en el fuego de la lucha de masas (como sucedió en la frontera con Colombia en la “batalla de los puentes” del 23 de febrero), tanto en la dirección política del partido (es secretario ejecutivo de la presidencia del PSUV y vicepresidente territorial del partido), tanto a la cabeza de un ministerio crucial como el del Poder Popular para el Proceso Social del Trabajo. Nos reunimos con él en Caracas, en la sede del MPPPST, en medio del sabotaje eléctrico que intentó poner al país de rodillas, dejando a Venezuela en la oscuridad, sin agua, sin transporte y sin comunicaciones.

– El imperialismo se quitó la máscara y tomó el campo directamente. ¿Cuáles son las contramedidas?

– Desde noviembre del año pasado, el enemigo se lanzó a la ofensiva al intensificar la acción militar y terrorista. Hemos desmantelado el golpe de estado previsto para este 23 de enero, que tenía como objetivo socavar la integridad territorial. Un intento repetido un mes después, el 23 de febrero, con lo que en Táchira llamamos “la batalla de los puentes”, las luchas fronterizas con las que rechazamos una agresión armada disfrazada de “ayuda humanitaria”. Ganamos y el imperialismo también fue derrotado diplomáticamente, con una votación en el Consejo de Seguridad de la ONU. Este tipo de sabotaje eléctrico es quizás la operación terrorista de mayor impacto negativo en la sociedad venezolana desde 2002, cuando de hecho nos habían quitado el poder con un golpe de estado. Superior incluso al sabotaje petrolero de 2002- 2003. Estamos sufriendo pérdidas millonarias. Contra nosotros, han experimentado muchas variaciones de guerras no convencionales, comenzando con las “revoluciones de color” y el famoso manual de Jene Sharp. Con el sabotaje eléctrico, ahora están aplicando la teoría del “caos constructivo”, para destruir el Estado y comenzar a construir otro basado en los intereses imperialistas. Pero siempre hay una variación que el imperialismo y las oligarquías que lo representan subestiman: el pueblo consciente, que ha reaccionado con fuerza y determinación ante un sabotaje eléctrico que ha afectado de manera transversal la vida de la población: agua potable, distribución de alimentos, sistema de salud, educación… Para construir una economía productiva diversificada, necesitamos un gran suministro de energía. Para superar el modelo petrolero, debemos producir un millón de barriles más, el objetivo de nuestra primera micromisión. El sabotaje eléctrico apunta a golpear el corazón de la economía del país, por lo que estoy hablando de pérdidas millonarias. Una estrategia que, sin embargo, ha chocado con la resistencia popular que no ha permitido la caotización de la sociedad: porque puedes sobrevivir tres días sin luz, pero sin agua es mucho más difícil. Sin embargo, se ha impuesto la conciencia, la disciplina y la confianza que nuestro pueblo tiene en sí mismo y en la dirección política de la revolución bolivariana, que la acompaña constantemente. Si hay algo que caracteriza a nuestra revolución, primero con Chávez y ahora con Maduro, es la certeza de que el partido y el gobierno siempre caminan juntos con el pueblo, incluso más en tiempos de dificultad. Hemos visto la reacción heroica de toda la clase trabajadora: del sector eléctrico, de los petroleros, del sector hidrológico, de la salud, del transporte. También hemos sumado esta victoria a las obtenidas en estos veinte años, y estamos orgullosos de ellas. Todavía sabemos que el imperialismo no se detendrá y que debemos estar listos para luchar y volver a ganar. No podemos rendirnos.

 – Cuba ha resistido durante sesenta años porque ha ilegalizado a la burguesía a través de una revolución. ¿Cómo se puede construir el socialismo teniendo poderosas fuerzas adentro que están dedicadas a sabotear cada proyecto?

– Hasta ahora, nuestro pueblo no se ha cansado, y es capaz de recuperarse con el mismo espíritu que evocó el Che en el libro “El socialismo y el hombre” hablando de la actitud heroica que debe asumirse también en la vida cotidiana. Pensé en ello mientras observaba a Caracas inmersa en la oscuridad. Pensé en ello al participar en la extraordinaria marcha antiimperialista que tuvo lugar en la capital el 9 de marzo, un día después del sabotaje eléctrico. Un sabotaje que se repitió cuando acabábamos de restaurar la mayor parte del servicio de electricidad. Nos hemos recuperado. Hay similitudes entre nuestra revolución y la cubana, porque las revoluciones socialistas responden en última instancia a leyes generales, pero son dos procesos distintos. Continuamos avanzando en el camino democrático que hemos decidido con Chávez. Es un proceso participativo que se desarrolla en un debate permanente y en una construcción colectiva, que se inventa constantemente. Nuestro compañero Soto Roja lo llama “el desorden creativo de la revolución”. Implica un constante cuestionamiento de las acciones de uno y un análisis de sus errores. En 2015 perdimos las elecciones para el Parlamento, el segundo poder del estado. Perdimos por la guerra económica, pero también por nuestros errores. Como dijo el presidente Maduro, la guerra económica se estaba manifestando a través de las colas, que nosotros no hemos visto. Pero hemos tomado la iniciativa política revolucionaria. Por eso no pudieron imponernos su agenda de guerra. Somos un pueblo pacífico, alegre y hospitalario, pero sabemos cómo luchar cuando es necesario. Y estamos luchando por la paz. Estamos tratando de convertir el socialismo siendo en una economía de guerra, asumiendo el desafío constante con el imperialismo. La nuestra es una economía monopolística, que heredamos del capitalismo. Ni la primera ni el segundo pueden ser abolidos por decreto, sino en un proceso constante de deconstrucción y construcción. Nuestro proyecto contempla la convivencia de la propiedad privada y la propiedad mixta. Cuánto tiempo coexistirán dependerá de las condiciones objetivas. Nuestro modelo no es enemigo de la propiedad privada, sino de los latifundios y el monopolio, que están prohibidos por la constitución. En este período en el que necesitamos una entrada masiva de recursos, la propiedad privada no solo se permite, sino que se estimula. En la ANC se llevó a cabo un animado debate sobre la ley de inversiones productivas extranjeras, sin perjuicio por la defensa de nuestra soberanía nacional. Una ley que no está hecha para atraer empresas comunistas sino capitalistas, para atraer capital tomando diariamente la tensión entre los intereses de la empresa y los del trabajo.

– Según algunos de los que se dicen más chavistas que Chávez, hay sindicalistas en prisión. ¿Es verdad?

– Muchos de nosotros hemos sido líderes sindicales en varias ocasiones. No hay personas en prisión por razones políticas o por luchas de categoría, sino por actos delictivos, de sabotaje a la producción de empresas estratégicas: por estar al servicio del imperialismo. La Central Bolivariana de Trabajadores Socialistas tiene 19 federaciones nacionales, alrededor de 1500 sindicatos, y luego hay más de 1000 consejos de trabajadores, comités de prevención. Un verdadero ejército que representa la gran fuerza de trabajo en Venezuela. Cuando el autoproclamado anunció huelgas escalonadas para una huelga general, durante una rueda de prensa presenté a los líderes sindicales uno por uno.

El conflicto geopolítico que vemos configurado a nivel mundial es la expresión concreta de la lucha de clases tal como aparece hoy. Las nuevas economías emergentes que prefiguran un mundo multipolar socavan la hegemonía estadounidense en el contexto de un capitalismo en crisis estructural que pone en peligro la existencia misma del planeta.

– Recientemente, el presidente Maduro señaló la corrupción como uno de los principales obstáculos. Un obstáculo que la derecha utiliza para comprar deserciones y traiciones, incluso en la FANB. ¿Cómo se está abordando este problema?

-En la década de 1990, algunos líderes de la Liga Socialista, como Soto Roja y Nora Castañeda, consideraron la propagación de la corrupción como una de las formas de acumulación originaria del capital. Un legado del pasado colonial, importado de la dominación española. En el proceso bolivariano, la corrupción no alcanzó esos niveles, pero debe combatirse sin descanso. El presidente ha señalado tres líneas fundamentales: recuperación económica, defensa integral de la nación y la lucha contra la corrupción, la burocratización, la negligencia y el minimalismo. ¿Cómo? Combinando un conjunto de factores que se relacionan con la claridad política, los valores, la batalla de ideas. Una batalla que el partido debe asumir recordando la crítica de Marx a la mercantilización de la vida. Debemos desarrollar valores alternativos de responsabilidad, deber social, un sentido del colectivo como forma de prevención. El otro elemento, MEMORIA 13 sin embargo, es el coercitivo, la carga de la ley debe recaer en el corrupto, como ya está sucediendo, ya que ex ministros, gobernadores, alcaldes y funcionarios han ido a prisión. Y debemos avanzar con decisión, desafortunadamente, la corrupción también ha permeado a sectores del proletariado.

 – Estados Unidos reiteró que apunta al colapso de la economía venezolana y anunció nuevas sanciones. ¿Cuáles son los escenarios?

– Discutimos esto en la dirección del partido. Habrá una intensificación de la guerra económica, del sabotaje, el intento de crear un ejército de mercenarios para ser usado contra líderes políticos y militares. Hemos aumentado la vigilancia y la actividad de inteligencia. La derecha interna tiene poco margen de maniobra en el terreno político, una capacidad de movilización muy baja que está disminuyendo. El autoproclamado es como la espuma, que se eleva y luego se desinfla cada vez más. Por esta razón deben dejar que Trump y sus Bolton, Pompeyo, Rubio, salgan al campo: porque no tienen un proyecto nacional, su proyecto coincide con el del imperialismo, las multinacionales, la oligarquía financiera transnacional y el gobierno yanqui, que es de extrema derecha. Su plan no es solo destruir a Maduro, sino a toda la nación. Quieren fragmentar la unidad nacional, balcanizar el país como lo hicieron con Yugoslavia. Sin embargo, chocan con un pueblo que no está dividido en facciones y que está profundamente cohesionado en la unión cívico-militar y con el socialismo bolivariano que nos ha dejado a Chávez. No pueden hacer lo mismo que con la Libia de Gaddafi o con el Iraq de Saddam Hussein, o con los líderes de los Balcanes en la década de 1990. El imperialismo se mete en tus diferencias internas, como sucedió en Granada, cuando aprovechó el golpe contra Bishop para invadir el país. También en Panamá aprovechó la contradicción entre la élite que gobernó bajo el liderazgo de Noriega y una gran parte de la gente, para intervenir. Una situación que no existe en Venezuela, por lo que sus planes fracasan.

– Venezuela se encuentra en el centro de un choque de intereses que afecta la arena política a nivel internacional. ¿Cuál es tu análisis?

– El conflicto geopolítico que vemos configurado a nivel mundial es la expresión concreta de la lucha de clases tal como aparece hoy. Las nuevas economías emergentes que prefiguran un mundo multipolar socavan la hegemonía estadounidense en el contexto de un capitalismo en crisis estructural que pone en peligro la existencia misma del planeta. El sistema de relaciones que se impuso después de la Segunda Guerra Mundial experimentó un proceso de decadencia que es evidente en el de las grandes instituciones internacionales. La Unión Europea, también lo hemos visto durante el ataque a Venezuela, está subordinada a los Estados Unidos. La contienda vuelve a ser entre socialismo y capitalismo. A nivel global, se comparan dos proyectos: la unipolaridad de aquellos que se creen los gendarme del mundo y que pueden acabar con la humanidad, y otro mundo multicéntrico y multipolar, en el que Rusia y China frenan la arrogancia yanqui. Chávez tuvo el mérito de construir alianzas estratégicas sur-sur, no solo con Rusia, China, India, Irán, sino también con nuestro Caribe para una nueva integración latinoamericana. Alianzas fundamentales para este período de resistencia que impidieron la aplicación de la Carta Interamericana en la OEA, constituyendo un primer anillo de defensa fundamental. La última discusión en el Consejo de Seguridad de la ONU mostró la importancia de las relaciones con Rusia y China. El imperialismo yanqui se ha visto obligado a retirarse, pero sigue siendo extremadamente peligroso porque pretende recuperar la iniciativa en el continente latinoamericano, en la Mayúscula América, como la llamó el Che. Y la revolución bolivariana es un gran obstáculo que le impide recolonizar el continente. Ciertamente, los Estados Unidos han recuperado posiciones con respecto a la ola socialista y progresista de principios de este siglo. Hoy, el regreso de un neoliberismo represivo hacia las clases populares y aún más subordinado al imperialismo del de los años setenta, está debilitando la Unasur, la Celac. Los apologistas del sistema capitalista hablan del fin del ciclo progresista. En cambio, comparto el análisis de Nicolás Maduro: habrá una segunda ola, más profunda y más radical, y si se atreven a golpear la revolución bolivariana, todo el continente será incendiado.

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